viernes, 9 de agosto de 2013

"El Héroe siempre pierde"


El Héroe siempre pierde:


Porque su voz está desgarrada de tanto gritar. La sangre que lo empapa es la de todo su espíritu. Yo mismo lo vi. Puedo jurar que nunca podría imaginarse situación más triste y desbordante de gloria. Créeme, estaba tirado ya sin vida sobre la arena. Y su cadaver parecía seguir intentando estirar su brazo hacia su amada, su idea, su causa. Como si hubiera muerto justo en el instante en que estaba a punto de alcanzar todo por lo que había luchado. La mano abierta con sangre seca, mezclada con tierra y sudor. Los ojos cerrados como signo de rendición. ¿Es acaso que sabía que nunca lo conseguiría para sí? ¿A caso nunca esperó gozar de la recompensa por la que luchaba? ¿No es el héroe el que sale victorioso de la tierra enemiga portando su estandarte para retornar a su tierra y vivir feliz?

No, mi querido amigo, ese es solo el comienzo. El héroe, el verdadero, desde siempre ha muerto solo. Como un colosal e imponente árbol que se seca para dar sus frutos a su tierra, y muere abandonado de ellos. Nunca le importó ser luz, o estrella, o ídolo. Ese coraje interior y desprendimiento de las cosas es el que lo hizo distinto de los que son llamados héroes por sus triunfos.

¡El verdadero ganador pierde! ¿Cómo puedo explicártelo? Déjame decirte que tuve la fortuna de verlo morir desde lejos, como un espectador. Y déjame decirte que pude contar tres latidos de corazón en su pecho que resumieron la historia de la humanidad de la forma más elocuente e imposible de imitar. Tendrías que ver a un grande morir, a una estrella apagarse, a un niño dormirse, a un corazón partirse para vivir lo que vivió el héroe en ese momento.

Antepenúltimo latido:
¡Mira! Aquí comienza todo. Es el momento en el que él, nunca esperó ni supo imaginar la grandeza que erupcionaría de su interior para transformar su destino. Nunca llegó a plantearse que esa pequeña acción, sentimiento de lo que amaba y odiaba desencadenaría el hecho fundamental en el cual giraría su vida y en torno al cual su fin se fundiría. Una sensación parecida a cuando derribamos la primer pieza de dominó para que extienda su poder escondido en los pequeños cambios hacia las demás piezas de todas la mesa. Este fue el antepenúltimo latido de su corazón que narró su infancia, su juventud, sus amores y dolores, sus sueños y su inocencia. Amar nunca había significado nada hasta que este latido sonó en el interior de sus costillas. Amar nunca había sido la causa más hermosa de dar la libertad por alguien. El comienzo del fin.

Penúltimo latido:
Cuando vemos que lo que era una gotera en nuestro bote se ha transformado en una mortífera inundación solemos desesperar, correr, saltar del bote. Aquí es donde se empieza a ser un héroe, en el momento en que uno se queda en el bote. Es muy probable que desde este punto ya hubiera él sabido que moriría sin ver sus frutos crecer. Ya sabía que lo que haría nadie lo recordaría y no sería agradecido, pero eso no importaba, pues la felicidad es silenciosa y está lejos de la gran ciudad. Él ya lo sabía, solo faltaba que la película corriera. Él podía ver teñida la arena con su sangre por siempre para siempre olvidada. Pero ese nunca fue el propósito. ¿Inimaginable verdad?

Último latido:
Los humanos solemos cometer el error de pensar que la muerte es la máxima y última expresión de la vida. Más no hacemos más que acallar lo que todos saben en su interior. La máxima expresión de la vida es la resurrección, los humanos somos el ave fénix. Quizás el ave fénix más estúpida de la creación porque somos los únicos que hemos olvidado que debemos resurgir. El hombre tiene miedo cuando está al borde de la muerte, entre la luz y la oscuridad. El héroe sabe que muere para dejar atrás la oscuridad. Él sabe y supo siempre que las sombras quedan atrás cuando se ha alcanzado el máximo símbolo del dolor y del sufrimiento humano que es la muerte. Ella encierra todo el dolor. Nadie sabe ni puede explicar sobre el dolor a menos que halla muerto. Es el último latido, nadie lo recordará, toda la gloria y la paz futura de la que nunca será partícipe fue gracias a él, y nunca se le atribuirá ese mérito a su memoria. Porque así somos los humanos. El héroe dio su último aliento para alcanzar la superficie. Es olvidado en la oscuridad y perdido en los recuerdos vagos del populacho, pero eso ya no importa ¡Ya no importa! ¿¡No ves que feliz está?! El último latido muestra la crueldad de los humanos con sus grandes y la magnanimidad de los héroes. Ser humano significa tener la posibilidad de elegir entre: seguir siéndolo, o ser un héroe.

Piénsalo dos veces antes de decidir. Ahora piénsalo una vez más. Conocerás el dolor. ¿Estás seguro? Muy bien. Intenta ser un héroe. Perderás.

José M. Gassull

1 comentario:

  1. Muy groso! la recompenza esta cuando la carrera termina, no en la carrera. Groso

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